PRIMER CAPITULO DE
FINALE!!!!!
Primer Capitulo de Finale: 4to libro y último libro de
la Saga Hush, Hush
Becca en el Live-Chat mostrando el título del último libro
de la Saga Hush-Hus: FINALE Para quienes lo sepan esta saga llega al final, y
su último libro, irónicamente, también se llama FINALE, ahora lo que les traigo
es EL PRIMER CAPITULO DEL ULTIMO LIBRO!!!
Si no has leído los anteriores te recomiendo no
leer este Adelanto
Primer Capitulo de Finale:
Yo no soy una chica fiestera. La música ensordecedora, los
cuerpos girando, las sonrisas ebrias, no son lo mío. Mi ideal de un sábado por
la noche consistía en permanecer en casa, acurrucada en el sofá, viendo una
comedia romántica con mi novio, Patch. Predecible, de bajo perfil... normal. Mi
nombre es Nora Grey, y mientras yo solía ser una adolescente estadounidense
promedio, que compraba su ropa en las rebajas de J. Crew y gastaba su sueldo de
niñera en iTunes, lo normal y yo se han vuelto perfectos desconocidos. Yo no
conocería lo normal si no hubiera saltado y se hubiera metido dentro de mi ojo.
Lo normal y yo nos separamos cuando Patch entró en mi vida.
Patch es siete pulgadas más alto que yo, opera con una lógica fría y dura, se
mueve como el humo, y vive solo en un supersecreto y elegante estudio bajo el
Parque de Atracciones de Delphic. El sonido de su voz, lento y sexy, puede
derretir mi corazón en tres segundos. También es un ángel caído, expulsado del
cielo por su flexibilidad a la hora de seguir las reglas. Personalmente, creo
que Patch asustó tanto a los pantalones de lo normal, que éste se echó a correr
hacia el otro lado del mundo.
Puede que yo carezca de normalidad, pero sí tengo
estabilidad. Esto es, en la forma de mi mejor amiga desde hacía ya doce años,
Vee Sky. Vee y yo tenemos un vínculo inquebrantable, que incluso una larga
lista de diferencias no puede romper. Dicen que los opuestos se atraen, y Vee y
yo somos la prueba de la validez de la declaración. Soy alta y delgada, con un
rebelde pelo rizado que pone a prueba mi paciencia, y una chica con
personalidad. Vee es aún más alta que yo, con el cabello color rubio ceniza,
ojos verde serpentina, y más curvas que la pista de una montaña rusa. Casi
siempre, las ansias de triunfo de Vee sobrepasan las mías. Y a diferencia de
mí, Vee vivía para una buena fiesta.
Esa noche, el deseo de Vee de buscar una buena fiesta nos
llevó a través de la ciudad hasta un almacén de cuatro pisos de ladrillo que
vibraban con la música del club, inundado de identificaciones falsas, y repleto
de cuerpos que producían el sudor suficiente como para recolectar gases de
efecto invernadero a un nivel completamente nuevo. El diseño interior era
estándar: una pista de baile intercalada entre un escenario y un bar. Había rumores
de que una puerta secreta detrás de la barra conducía a un sótano que llevaba a
un hombre llamado Storky, quien operaba un próspero negocio de piratería. Los
líderes de la comunidad religiosa de Coldwater mantenían la amenaza de tapar
aquel hervidero de adolescentes indisciplinados... también conocido como La
bolsa del Diablo.
—¡Anímate, nena! —me gritó Vee por sobre el mecánico
golpeteo de la música, entrelazando sus dedos con los míos y balanceando las
manos sobre nuestras cabezas. Estábamos en el centro de la pista de baile,
siendo empujadas y golpeadas por todos lados— Así es como la noche del sábado
se supone que debe ser. Tú y yo, bailando, dejándonos llevar, sudando como
chicas elegantes.
Hice todo lo posible por enseñarle un gesto entusiasta, pero
el hombre detrás de mí continuaba pisando el talón de mi zapatilla de ballet,
logrando que tuviera que volver a meter el pie dentro de ella cada cinco
segundos, mientras que la chica a mi derecha estaba bailando con los codos
hacia fuera, y si no tenía cuidado, sabía que iba a terminar con cortaduras en
el hombro.
—Tal vez deberíamos ir a buscar unas bebidas —le dije a
Vee—. Se siente como en Florida aquí dentro.
—Eso es porque tú y yo estamos quemando este lugar. Echa un
vistazo al chico en el bar. No puede apartar sus ojos de tus movimientos —se
lamió los dedos y se apretó demasiado el hombro desnudo, haciendo un ruido
chispeante.
Seguí su mirada... y mi corazón dio una sacudida.
Dante Matterazzi levantó la barbilla en reconocimiento. Su
siguiente gesto fue un poco más sutil.
“No te habría vinculado con una bailarina”, habló en mi
mente.
“Que gracioso, yo sí te habría vinculado con un acosador”,
le respondí.
Dante Matterazzi y yo pertenecíamos a la raza de los
Nefilim, y por lo tanto, poseíamos la capacidad innata de hablar mentalmente,
pero nuestras similitudes se terminaban allí. Dante no sabía cómo ser menos
insistente, y yo no sabía cuánto tiempo más iba a poder esquivarlo. Lo había
conocido por primera vez esa mañana, pero él se comportaba como si nuestra
relación llevara ya varios años como mínimo.
“Te dejé un mensaje en tu celular”, dijo.
“Debo haberlo perdido”. Más bien borrado
“Tenemos que hablar.”
“Estoy algo ocupada”. Para enfatizar mi punto, moví mis
caderas en círculos y abrí los brazos de lado a lado, haciendo todo lo posible
para imitar a Vee, cuya cadena de televisión favorita era BET[1], y se notaba.
Ella tenía el hip-hop grabado en el alma.
Una débil sonrisa torció la boca de Dante. “Ya que estás en
ello, dile a tu amiga que te dé algunos consejos. Estás tambaleante.
Definitivamente eres un pez fuera del agua. Nos vemos en la parte de atrás en
dos minutos”.
Lo fulminé con la mirada. “Ocupada, ¿recuerdas?”
“Esto no puede esperar”. Arqueando significativamente las
cejas, desapareció entre la multitud.
—Él se lo pierde —dijo Vee—. No puede soportar el calor.
—Acerca de las bebidas —continué— ¿Puedo traerte una
Coca-Cola?
Vee no parecía dispuesta a renunciar a su baile, y por mucho
que yo quisiera evitar a Dante, pensé que lo mejor era terminar con aquello.
Aguantarlo y hablar con él. De lo contrario, me seguiría como una sombra toda
la noche.
—Coca-Cola con limón —pidió Vee.
Emprendí mi camino fuera de la pista de baile y, después de
asegurarme que Vee no me observaba, me metí por un pasillo lateral y luego por
la puerta trasera. El callejón estaba bañado por la luz azul de la luna. Un
Porsche Panamera de color rojo estaba estacionado en frente de mí, y Dante se
encontraba apoyado en él con los brazos cruzados sobre el pecho, aunque sin
apretar.
Dante medía casi siete pies, y Tenía el físico de un soldado
recién salido del campo de entrenamiento. Caso en cuestión: poseía más tono
muscular en su cuello que el que yo podía encontrar en todo mi cuerpo. Esa
noche llevaba pantalones holgados y una camisa de lino blanca desabotonada
hasta la mitad de su pecho, revelando una V profunda de piel suave y sin pelo.
Un fanfarrón.
—Bonito auto —dije.
—Hace su trabajo.
—También mi Volkswagen, y cuesta considerablemente menos.
—Se necesitan más que cuatro ruedas para ser un automóvil.
Ugh.
—Así que —dije, haciendo sonar mi pie contra el suelo—, ¿qué
es tan urgente?
—¿Sigues saliendo con ese ángel caído?
Era apenas la tercera vez en tantas horas que él me lo
preguntaba. Dos veces por mensajes de texto, y ahora cara a cara. Mi relación
con Patch había pasado por un montón de subidas y bajadas, pero la tendencia
actual era hacia arriba. De todas formas, no seríamos nosotros sin nuestros
problemas. En un mundo donde los Nefilim y los ángeles caídos preferirían morir
antes que sonreírse los unos a los otros, salir con un ángel caído era un claro
no-no.
Me erguí un poco más y hablé.
—Tú ya lo sabes.
—¿Estás siendo cuidadosa?
—Discreción es la consigna.
Patch y yo no necesitábamos que Dante nos dijera que era
mejor no hacer muchas apariciones públicas juntos. Los Nefilim y los ángeles
caídos nunca necesitaron una excusa para enseñarse lecciones mutuamente, y
las tensiones raciales entre los dos grupos eran cada vez más calientes con
cada día que pasaba. Era otoño, octubre para ser exactos, y el mes judío de
Jeshván se encontraba a sólo unos días.
Cada año, durante Jeshván, los ángeles caídos poseen cuerpos
Nefilim en masa. Los ángeles caídos tienen rienda suelta para hacer lo que
quieran, y ya que es la única vez durante el año en la que realmente pueden
experimentar una sensación física, su creatividad no conoce límites. Persiguen
el placer, el dolor y todo lo demás, jugando a ser los parásitos de su
anfitrión Nefilim. Para un Nefilim, el Jeshván es una prisión infernal.
Si Patch y yo éramos vistos de la mano por las personas
equivocadas, pagaríamos de una u otra manera.
—Hablemos de tu imagen —dijo Dante—. Tenemos que generar un
poco de publicidad positiva alrededor de tu nombre. Aumentar la confianza de
los Nefilim en ti.
Le dí un chasquido teatral a mis dedos.
—¿No odias cuando tus índices de aprobación son tan bajos?
Dante frunció el ceño.
—Esto no es una broma, Nora. El Jeshván comienza en poco más
de setenta y dos horas, y eso significa la guerra. Ángeles caídos, por un lado,
nosotros por el otro. Todo el peso recae sobre tus hombros, eres el líder del
ejército Nefilim.
Las náuseas me pellizcaron el estómago. Yo no había
solicitado precisamente el trabajo. Gracias a mi difunto padre, un hombre
verdaderamente retorcido, me había visto obligada a heredar el puesto. Había
hecho un juramento de sangre para llevar adelante su ejército, y fallar en eso
sólo se traduciría en mi muerte, y la muerte de mi madre. Sin presiones.
—A pesar de nuestras medidas de cautela, hay rumores de que
estás saliendo con un ángel caído, y de que tus lealtades están divididas.
—Estoy saliendo con un ángel caído.
Dante rodó los ojos.
—¿Crees que puedes decirlo más fuerte?
Me encogí de hombros. Si eso es lo que realmente quieres.
Entonces abrí mi boca, pero Dante estuvo a mi lado en un instante, cubriéndola.
—Sé que esto te mata, pero ¿podrías hacer mi trabajo fácil
esta vez? —murmuró en mi oído, mirando a su alrededor en las sombras de una
inquietud evidente, a pesar de que era seguro que nos encontrábamos solos.
Yo sólo había sido una pura raza Nefilim veinticuatro horas,
pero confiaba en mi nuevo sexto sentido, más agudo que el anterior. Si hubiera
espías al acecho, lo sabría.
—¿Qué tienes en mente? —le pregunté cuando bajó la mano.
—Sale con Scott Parnell.
Scott Parnell era el primer Nefilim con quien había
entablado una amistad, a la tierna edad de cinco años. Yo no sabía nada de su
verdadera herencia en aquel entonces, pero en los últimos meses, él había
asumido los roles de mi primer verdugo, mi socio en el crimen, y, finalmente,
mi amigo. No había secretos entre nosotros. Del mismo modo que no había
química.
Me eché a reír.
—Me estás matando, Dante.
—Sería sólo parte del show, por el bien de las apariencias
—explicó—. Sólo hasta que nuestra raza se familiarice contigo. La gente
necesita una razón para que les gustes. Tenemos que hacer que se sientan
cómodos confiando en ti.
—No puedo salir con Scott —le dije a Dante—. A Vee le gusta.
Decir que Vee había tenido mala suerte en el amor era
ponerle optimismo. En los últimos seis meses, se había enamorado de un
depredador narcisista y un canalla experto en dar puñaladas por la espalda. No
fue sorpresa que ambas relaciones le hicieran dudar seriamente de su
instinto en el amor. Ella se había negado de forma inequívoca a tantas sonrisas
del sexo opuesto... hasta que apareció Scott.
La noche anterior, apenas unas horas antes de que mi padre
me obligara a transformarme en un Nefilim de pura raza para que pudiera hacerme
cargo de su ejército, Vee y yo habíamos ido a La Bolsa del Diablo para ver a
Scott tocar el bajo con su nueva banda, Serpentina; y ella no había dejado de
hablar de él. Barrer y robarle a Scott ahora, incluso si se trataba de un
ardid, sería un extremo golpe bajo.
—No sería real —repitió Dante, como si eso lo hiciera todo
color de rosa.
—¿Vee sabría eso?
—No exactamente. Tú y Scott tienen que ser convincentes. Una
fuga terminaría en un desastre, así que tendré que limitar la verdad sólo a
nosotros tres.
Puse las manos en mis caderas, de forma firme e
inconmovible.
—Entonces vas a tener que ofrecerme a alguien más.
No estaba del todo enamorada con la idea de fingir salir con
un Nefilim para aumentar mi popularidad. De hecho, me pareció un desastre en
ciernes, pero quería este lío detrás de mí. Si Dante pensaba que un novio
Nefilim me daría más credibilidad, que así sea. No sería real. Obviamente Patch
no estaría encantado, pero había que enfrentarse a un problema a la vez,
¿cierto?
La boca de Dante se comprimió en una línea, y cerró los ojos
brevemente. Convocando a la paciencia.
—Tiene que ser respetado en la comunidad Nefilim —dijo
Dante, al menos teniendo en cuenta mi propuesta—, alguien a quien los Nefilim
puedan imaginarse con su líder.
Hice un gesto de impaciencia.
—Está bien. Sólo nombra a alguien que no sea Scott.
—Yo.
Me estremecí.
—Lo siento. ¿Qué? ¿Tú? —estaba demasiado aturdida como para
estallar en una carcajada.
—¿Por qué no? —preguntó Dante.
—¿De verdad quieres que empiece a hacer una lista de
razones? Porque te voy a tener aquí toda la noche. Para empezar, tú ya tienes
una novia… ¿Cuál es su nombre? ¿Melinda? ¿Marianne?
—Marina.
Hice un gesto que claramente significaba: lo que sea.
—También eres, por lo menos, cinco años mayor que yo en años
humanos –un completo escándalo-, no tienes sentido del humor, y… oh, por supuesto.
No podemos soportarnos.
—Soy tu teniente primero…
—Eso es porque el chiflado de mi padre biológico te dio el
puesto. Yo no tuve nada que ver.
Dante pareció no escucharme.
—Nos conocimos y sentimos una conexión instantánea. Es una
historia creíble —sonrió—. Toneladas de buena publicidad.
—Si dices la palabra P una vez más, voy a... hacer algo
drástico— como golpearlo. Y luego golpearme a mi misma por siquiera haber
teniendo en cuenta su plan.
—Medítalo con tu almohada —sugirió—. Piensa en ello.
—Estoy en eso —conté hasta tres con mis dedos—. Muy bien,
terminé. Mala idea. Muy mala idea. Mi respuesta es no.
—¿Tienes una mejor idea?
—Sí, pero necesito algo de tiempo para pensar.
—Seguro. No hay problema, Nora —contó hasta tres con sus
dedos—. Bueno, se acabó el tiempo Necesito un nombre para mañana a primera
hora. En caso de que no sea dolorosamente obvio, tu imagen se está yendo por el
tanque. La noticia de la muerte de tu padre, y posteriormente tu nueva
situación sentimental, se están extendiendo como un reguero de pólvora. La
gente está hablando y esa conversación no es buena. Necesitamos que los Nefilim
crean en ti. Necesitamos que confíen en que tienes las mejores intenciones en
mente, y que puedes terminar el trabajo de tu padre, dejándonos fuera del poder
de los ángeles caídos dentro de tres días. Necesitamos que se unan a ti, y
vamos a darles una buena razón detrás de otra. Empezando por un aceptable novio
Nefilim.
—Oye, nena, ¿está todo bien aquí atrás?
Dante y yo nos giramos. Vee estaba en la puerta, mirándonos
con iguales partes de recelo y curiosidad.
—¡Hey! Todo está bien —le dije, quizás con demasiado
entusiasmo.
—Nunca volviste con nuestras bebidas, y empecé a
preocuparme— dijo Vee. Su mirada pasó de mí a Dante. El reconocimiento brilló
en sus ojos, y yo supe que ella lo recordaba del bar— ¿Quién eres tú? —le
preguntó.
—¿Él? —los interrumpí— Oh. Uh. Bueno, él es sólo un muchacho
al azar.
Dante dio un paso adelante, con la mano extendida.
—Dante Matterazzi. Soy amigo de Nora. Nos conocimos hace unos
días cuando nuestro amigo en común, Scott Parnell, nos presentó.
Tan sólo con eso, el rostro de Vee se iluminó.
—¿Conoces a Scott?
—Resulta que es un buen amigo mío.
—Cualquier amigo de Scott es amigo mío.
Interiormente, me saqué los ojos.
—Entonces, ¿qué están haciendo ustedes dos aquí atrás? —nos
preguntó.
—Dante me acaba de elegir un coche nuevo —dije, dando un
paso al costado para que Vee pudiera observar sin obstrucciones el Porsche—. No
pudo resistirse a mostrármelo. No lo mires muy de cerca. Creo que el número de
la placa se encuentra perdido. Dante tuvo que recurrir al robo, ya que utilizó
todo su dinero para conseguir su pecho rasurado esta mañana, y chico, sí que
brilla.
—Que graciosa —dijo Dante. Pensé que al menos se prendería
un botón más de la camisa, pero no lo hizo.
—Si yo tuviera un coche así, también me gustaría mostrarlo
—acotó Vee.
—He intentado hablar Nora en un paseo, pero ella sigue
escabulléndose.
—Eso es porque tiene un novio duro. Debe de haber sido
educado en casa, porque se ha perdido de todas aquellas valiosas lecciones que
nosotros hemos aprendido en el jardín de infantes, como compartir. Si llegara a
enterarse de que tú llevaste a Nora a dar un paseo, terminará con ese brillante
y nuevo Porsche en el árbol más cercano.
—Agg —dije—. Miren la hora. ¿No debes estar en ningún otro
lugar, Dante?
—Resulta que es mi noche libre —sonrió, lento y fácil, y
supe que estaba disfrutando con cada momento de inmiscuirse en mi vida privada.
Yo había dejado en claro que cualquier contacto entre
nosotros tenía que ser en privado, y él me estaba mostrando lo que pensaba
acerca de mis “reglas”. En un pobre intento por llevarme todo el puntaje, lo
fulminé con mi más terrible y fría mirada.
—Estás de suerte —afirmó Vee—. Sabemos justo lo que hace
falta para llenar tu noche. Va a pasar el rato con dos de las chicas más
geniales de todo Coldwater, señor Dante Matterazzi.
—Dante no baila —intervine rápidamente.
—Haré una excepción, sólo esta vez —contestó él, abriéndonos
la puerta.
Vee aplaudió, saltando arriba y abajo.
—¡Yo sabía que esta noche iba a ser genial! —chilló,
agachándose por debajo del brazo de Dante.
—Después de ti —me dijo él, mientras ponía su mano en la
parte baja de mi espalda y me guiaba hacia el interior. Golpeé su mano, pero
para mi desgracia, él se acercó y murmuró—. Me alegra que hayamos tenido esta
pequeña charla.
“No hemos resuelto nada”. Hablé en su mente. “¿Toda esa cosa
sobre los novios? No hay nada resuelto. Sólo un poco de algo para tener en
cuenta. Y para que conste, se suponía que mi mejor amiga no debería saber que
existes”.
“Tu mejor amiga piensa que debería ponerle a tu novio las
cosas un poco difíciles”, dijo, sonando divertido.
“Ella piensa que cualquier cosa que posea un corazón
palpitante debería sustituirlo. Tienen asuntos sin resolver.”
“Suena prometedor.”
Me siguió por el pequeño pasillo hacia la pista de baile, y
sentí su sonrisa altanera, incitándome todo el camino.
“Están en inferioridad numérica, Nora. Sólo un poco de algo
para tener en cuenta”.
.
El ritmo fuerte de la música monótona se clavaba en mi
cabeza como un martillo. Me pellizqué el puente de la nariz, luchando contra un
creciente dolor de cabeza. Tenía un codo apoyado en la barra, y usé mi mano
libre para presionar un vaso de agua helada sobre mi frente.
—¿Cansada? ¿Tan pronto? —preguntó Dante, dejando a Vee en la
pista de baile, y deslizándose sobre un taburete a mi lado.
—¿Alguna idea de cuánto tiempo más va a durar? —quise saber.
—A mi me parece que ella atrapó su segundo aire.
—La próxima vez que me encuentre en el mercado de mejores
amigos, recuérdame alejarme del conejito de Energizzer. Ella sigue y sigue...
—Te ves como alguien que utilizaría su viaje a casa.
Me tomé cabeza.
—Yo conduje, pero no puedo dejar a Vee aquí. En serio,
¿cuánto tiempo puede posiblemente durar? —por supuesto, me había estado
haciendo la misma pregunta durante la última hora.
—Te diré qué. Vuelve a casa. Yo me quedo con Vee. Cuando
finalmente caiga, le daré un aventón de regreso a su hogar.
—Pensé que se suponía que no te meterías en mi vida personal
—traté de sonar maleducada, pero estaba agotada, y la convicción simplemente no
estaba allí.
—Tu regla, no la mía.
Me mordí el labio.
—Tal vez sólo esta vez. Después de todo, a Vee le
gustas. Y tienes la energía suficiente como para seguir bailando con ella.
Quiero decir, esto es bueno, ¿verdad?Dante le dio un codazo a mi pierna.
—Deja de lado la racionalización y sal de aquí de una vez.
Para mi sorpresa, suspiré confiada.
—Gracias, Dante. Te debo una.
—Me puedes pagar mañana. Necesitamos terminar nuestra conversación.
Y tan pronto como eso, cualquier sentimiento benevolente había desaparecido. Una vez más, Dante era la espina en mi pie, molestando de forma implacable.
—Si algo le pasa a Vee, voy a hacerte personalmente responsable.
Habiendo dejado eso en claro, me fui.
Era una noche sin nubes, la luna era de un color azul inolvidable contra el negro de la noche. A medida que me dirigía a mi coche, la música de La Bolsa del Diablo, resonaba más y más como un rumor lejano. Aspiré el aire frío de Octubre. Mi dolor de cabeza ya había disminuido.
Mi celular sonó.
—¿Cómo estuvo la noche de chicas? —preguntó Patch.
—Si hubiera dejado a Vee salirse con la suya, hubiera podido estar aquí toda la noche —me quité los zapatos y los colgué en mi dedo, eligiendo caminar descalza—. En todo lo que puedo pensar es en una cama.
—Compartimos el mismo pensamiento.
—¿Estás pensando en una cama, también?
—Estoy pensando en ti en mi cama.
El interior de mi estómago aleteó. Había pasado la noche en el estudio de Patch, por primera vez la noche anterior, y aunque la atracción y la tentación habían estado definitivamente presentes, nos las habíamos arreglado para dormir en habitaciones separadas. No estaba segura de cuán lejos quería llevar nuestra relación, pero el instinto me decía que Patch no estaba tan indeciso.
—Mi mamá está esperando —dije—. Eso es malo —sin mencionar que también era un mal momento, yo a penas quería recordar mi más reciente conversación con Dante.
—¿Podemos vernos mañana? Tenemos que hablar.
—Eso no suena bien.
Solté un beso contra el teléfono.
—Te he echado de menos esta noche.
—La noche no ha acabado. Después de terminar aquí, podría pasarme por tu casa. Deja la ventana de tu dormitorio abierta.
—¿En qué estás trabajando?
—Vigilancia.
—Suena vago —fruncí el ceño.
—Mi objetivo está en movimiento. Tengo que seguir —dijo—. Estaré allí tan pronto como pueda.
Y colgó.
Caminé por la acera, pensando a quién Patch podría estar vigilando, y por qué todo ese asunto sonaba un poco siniestro, cuando mi coche, un Volkswagen Cabriolet blanco de 1984, apareció a la vista. Tiré mis zapatos en el asiento trasero y me dejé caer detrás del volante. Puse la llave en el encendido, pero el motor no arrancó. En repetidas ocasiones hizo un sonido tenso, como un resoplido, y aproveché la oportunidad para dedicarle a aquel pedazo de chatarra unas pocas y elegidas palabras ingeniosas.
El coche había caído en mis manos como una donación de Scott Parnell y me había dado más horas de dolor que millas reales en el camino. Me bajé del coche y levanté el capó, mirando especulativamente en el laberinto grasoso de mangueras y recipientes. Ya había tratado antes con el alternador, el carburador y las bujías. ¿Qué quedaba?
—¿Problemas con el auto?
Me giré, sorprendida por el sonido de una voz masculina detrás de mí. No había oído acercarse a nadie. Más desconcertante aún, no la había detectado.
—Eso parece —le dije.
—¿Necesitas ayuda?
—Más bien necesito un coche nuevo.
Él sonrió.
—No estoy seguro de poder ayudar con eso, pero sí puedo ofrecerte un viaje gratis con destino a tu elección.
Mantuve la distancia, mi mente giraba salvajemente tratando de ubicarlo. El instinto me decía que no era humano. Ni un Nefilim. Lo curioso era que tampoco pensaba que fuera un ángel caído.
Tenía el rostro redondo y angelical, coronado con una mata de pelo rubio, y unas orejas de Dumbo que le sobresalían un poco. De hecho, su aspecto era tan inofensivo que, al instante, se me hizo sospechoso. Incómodo.
—Gracias por la oferta, pero ya he llamado a la Triple A[2]. Dijeron que tendrían a un muchacho aquí en poco tiempo.
Su sonrisa cambió momentáneamente, adoptando un gesto frío.
—Te estás volviendo buena en esto de mentir, Nora. Supongo que ese novio tuyo te está contagiando.
Mi corazón latió más rápido.
—Lo siento, ¿nos conocemos?
—Es mi trabajo conocer a tu novio por dentro y por fuera, de arriba abajo. A dónde va, lo que está haciendo... a quién besa —guiñó el ojo, pero fue más una especie de advertencia.
El pánico se apoderó de mí. ¿Y si era un Nefilim y yo no podía detectarlo? ¿Y si realmente sabía acerca de lo mío con Patch? ¿Qué pasaba si me había buscado esa noche para transmitir el mensaje de que los ángeles caídos y los Nefilim no podían mezclarse? Yo era un Nefilim nuevo, no podía competir con él si se trataba de la fuerza física.
—Tienes a la chica equivocada —le dije—. Yo no tengo novio.
Entonces me volví, tratando de mantener la calma mientras caminaba nuevamente hacia La Bolsa del Diablo.
—Dile a Patch que quiero hablar con él —continuó el hombre detrás de mí—. Dile que si no sale de su escondite, voy a ir tras él. Voy a quemar todo el Parque de Atracciones de Delphic, si eso es lo que hace falta.
Miré por encima de mi hombro con cautela. Yo no tenía idea en qué estaba metido Patch, pero sentí una incómoda sensación de hinchazón en el estómago. Quien quiera que fuera aquel hombre, a pesar de sus características angelicales, iba en serio.
El hombre se inclinó sobre el Volkswagen, ajustando las mangueras con dedos expertos.
—Listo. Como nuevo —anunció, frotándose las manos limpias—. Este podría ser el comienzo de una gran asociación, Nora. Yo te ayudo, tú me ayudas.
Lo observé irse, perdiéndose en las sombras, silbando una melodía que me provocó un horrible escalofrío en la espalda.
[1] NT: La mayoría de la programación de este canal está compuesta por videos de música rap, R&B, películas de orientación urbana, y series.
[2] NT: Triple A: American Automobile Association (Asociación Automovilística de Norte América.)
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